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    La ciudad para las personas con discapacidad visual desde el diseño urbano multisensorial.

    Escrito por Sylvia Vásquez Sánchez

    Créditos de la foto: Sylvia Vásquez Sánchez

    Resumen: El artículo plantea la importancia del enfoque multisensorial en el diseño urbano y la arquitectura como vía para construir una ciudad realmente para todos. Desde la narración de una serie de experiencias reales de personas con discapacidad visual en su tránsito en las calles de Lima, se describe, el gran apoyo que los múltiples detalles y estímulos sensoriales cumplen en su desplazamiento. Además, se plantea aproximar a una idea de sistema de espacios públicos incluyentes mediante la diversidad multisensorial en ellos.
    Palabras claves: Diseño urbano, espacios públicos, discapacidad visual, diseño multisensorial.

    Reclamar el aspecto multisensorial dentro la arquitectura y del diseño urbano podría parecer redundante en sí mismo. En la formación académica se enfatiza en proporciones, escala, función, aspectos formales, significados, comportamiento, sensaciones, etc. Si, también en aspectos sensoriales: visuales y texturas. El tema acústico también se estudia como especialización. Sin embargo, los aromas, sonidos y lo cinético en general, simplemente son muy pocas veces tomados en cuenta el proceso de diseño.

    Hoy en día, los arquitectos urbanistas tenemos importantes retos por cumplir. Aquella idea de una “ciudad inclusiva”, “ciudad para todos” incluidas las personas discapacidad, no es solo una aspiración común, es algo muy concreto que se construye mucho desde el aspecto físico. Y esa es labor de los arquitectos. Así, surge la pregunta, ¿cómo así construimos espacios públicos para todos, si nosotros (los arquitectos), no estamos entrenados en la sensibilidad especial de las personas con discapacidad visual? Es fundamental entonces, primero experimentar la multisensorialidad urbana, luego entrenarnos en herramientas que nos permitan catalogar la experiencia y contar con personas con discapacidad en el proceso proyectual.

    Ahora bien, me permitiré contar algunas experiencias personales que me mostraron la importancia de las claves sensoriales para las personas con discapacidad visual. Hace unos años, estaba en el auto llevando a una amiga con baja visión, acercándola a un punto conocido por ella para que tome el transporte público. Íbamos por la Av. Pershing, yo estaba distraída conversando y ella me dijo “ya estamos cerca, bajemos la velocidad”. En ese momento estábamos en el puente de la Av. Pershing sobre la Av. Brasil en Lima, y yo le pregunté (no sé si de forma pertinente) ¡¿Y cómo lo supiste?!, ella me dijo “porque sentí que la pista se elevó un poco en el puente, siempre que voy a Metro de Pershing me fijo en eso”. Yo lo percibí también, pero para mí ese no era el hito que yo resaltaba en mi mapa mental, sin embargo, para ella sí era importante, ella estaba atenta a esa referencia.

    En otra oportunidad me encontré con un amigo ciego en un paradero de la Av. Brasil, y luego lo acompañé a ir al paradero en la dirección opuesta. Al caminar y rastrear con su bastón era él prácticamente el que guiaba el camino, pues tenía memorizadas todas las características de las veredas, kioskos y texturas. Advirtió que estábamos llegando a la esquina, yo le pregunté ¿cómo supiste que llegábamos a la esquina? Y me dijo, “yo conozco el piso”, y me lo describió con detalle. Yo suelo caminar por allí y nunca me había percatado de esos detalles. Incluso él sabía cuándo el semáforo estaba en verde o rojo por el sonido de los motores de los autos.

    Experiencias similares me han mostrado que observamos las calles a la altura de los ojos y a determinada distancia, y que el cuerpo tiene memoria cinética, pero, en general las personas no somos tan conscientes de todos los detalles al caminar. Igual la mayoría no anda tropezando, es decir que observamos lo importante para el desplazamiento a cierta velocidad, pero seguramente de manera menos consciente.

    Definitivamente cada persona prioriza en su memoria lo importante para desplazarse, localizarse y protegerse. La vista es el sentido que ocupa en mayor porcentaje nuestras capacidades sensoriales físicas, otros dirán que es el tacto el de mayor relevancia, quizás el oído sea el sentido más importante para nuestro equilibrio y seguridad. Lo resaltante en este caso es que somos multisensoriales, consciente o inconscientemente vamos usando todos nuestros sentidos en el caminar diario.

    Mientras tanto, desde el diseño, es fundamentalmente en función a la vista que se proyectan las calles, las áreas verdes, el mobiliario y los mensajes para el tránsito en nuestra ciudad, la señalética, la señalización vertical, horizontal. En los últimos años se vienen implementando ayudas sonoras y podotáctiles y de señalética braille en las estaciones de transporte público y paraderos, dirigida a mejorar la accesibilidad de las personas con discapacidad visual. Estas guías amarillas y con relieve en el piso se han incluido en algunas calles también en el Centro histórico de Lima, de Arequipa, en el distrito de Miraflores, por ejemplo. Pero observamos que su aplicación aún no está normalizada y de acuerdo a muchas versiones de personas con discapacidades que conocemos, es confusa.

    Hasta aquí llega el tema de accesibilidad para las personas con discapacidad visual, físicamente es una línea de guía pegada al piso de las calles. ¿Es suficiente? ¿Es así como construiremos calles para el disfrute de todos?

    En una oportunidad estuve haciendo una visita a un amigo ciego en su vecindario en el distrito de San Borja. Como ya tenía previsto, él me describió con lujo de detalles cada paso que dábamos, la salida de su casa, la forma de la esquina, la ruta a la bodega, la forma de la entrada de la bodega, los sonidos de conversaciones y sensación de vacío en la zona de entrada a la bodega, incluso también me describió algunos muretes en el exterior con los cuales siempre tenía cuidado al caminar. Descubrí que le gustaba mucho ese camino, pues luego se encontraría con personas conocidas en la bodega. Luego fuimos al parque cercano a su casa, un parque muy bien mantenido, tranquilo, con árboles frondosos, flores y césped bien cortado, banquitas y todo lo que “todo parque debe tener”. Caminamos y le pregunté si le gustaba el parque, y me dijo que sí, pero con un tono poco entusiasmado, su respuesta fue “es tranquilo”, me dijo luego que no visitaba mucho ese parque. Además le pregunté, que lugar de Lima le gusta más, luego de pensarlo algunos minutos me dijo: “¡el parque Kennedy!”, y yo le repliqué: ¡ah, pero no es un lugar cercano a tu casa!, a lo que él dijo: “no”, “pero me gusta porque hay mucha gente, niños jugando, cosas para comer!”…

    Quizá mi amigo en particular disfruta del ruido de las conversaciones de la gente, de los niños jugando, y el parque cercano a su casa en particular no tiene aquello que le atrae y le despierta interés, quizá le resultaba un poco aburrido. Después me pregunté si eso funcionaba igual para todas las personas ciegas.

    Después de varios meses, decidí despejar esa duda, elegí a tres amigos ciegos e independientes en cuanto a su movilidad y les pregunté por separado: ¿cuáles son los lugares públicos abiertos de Lima que más frecuentan y prefieren? Las respuestas iniciales fueron bibliotecas y centros médicos, ninguna calle o parque. Costó un poco de trabajo enfocarlos en un espacio público abierto dentro de sus preferencias, pues usan las calles para movilizarse nada más. Pero nos llamó la atención que una vez enfocados en espacios públicos abiertos, los tres coincidieran en rutas del centro de Lima, y dos de ellos en rutas sumamente comerciales, llenas de gente, incluso llenas de ruido y muy caóticas. Quizá fue una coincidencia, pero al parecer a las personas con discapacidad visual que me ha tocado entrevistar les gusta mucho visitar lugares donde hay mucha gente y con un fin específico, interactuar con las personas, y no con pocas, sino con todo este barullo de personas en un espacio.

    Fue en ese momento en el que decidimos iniciar una investigación sobre la accesibilidad y el desplazamiento con el aporte de la información multisensorial de las personas con discapacidad visual. En las primeras entrevistas encontramos que las personas ciegas usan las calles de la ciudad para desplazarse para actividades necesarias, y fue muy difícil encontrar el objetivo consciente de solo pasear en la ciudad. Y si lo pensamos bien, ya no es un fin el pasear para la gran mayoría de habitantes de nuestra ciudad.

    Ya sumergidos en las visitas de campo en el centro, observamos que disfrutaban mucho de su autonomía en esos espacios pues tenían memorizadas todas las características sensoriales de las rutas, e incluso las personas, las voces, los sonidos, los olores, los tipos de piso, los bordes, etc.

    Entonces, dentro de las primeras hipótesis que trazamos con respecto a la relación entre las personas con discapacidad visual y el uso y preferencia de espacios públicos en la ciudad, podemos decir que las personas ciegas no disfrutan algunos parques de la misma manera que las personas que ven, los encuentran poco atractivos; y por otro lado encuentran sumamente atractivo los lugares con múltiples estímulos sensoriales.

    Gran parte de la planificación de los barrios residenciales se centran en los parques para descansar, jugar, hacer deporte, etc., y los vecinos en general los encuentran atractivos. Es interesante comprender como un espacio físico tan básico como un parque pueda ser percibido de manera tan diferente dependiendo de las capacidades sensoriales de sus usuarios.

    A todos nos gustan los espacios con gente, el Parque Kennedy del distrito Miraflores es un ícono como parque y espacio público de encuentro en Lima, pero seguramente no encontraremos las mismas opiniones respecto a las calles comerciales del centro de Lima, o en calles con abundante bullicio. Estos espacios se caracterizan por innumerables oportunidades para hacer cosas diferentes y encontrar gente para interactuar, preguntar, comprar, y estímulos sensoriales como comida, voces, etc., también caos, agresividad y confusión.

    Encontramos entonces que no todos los tipos de parques y espacios públicos serán del gusto de todos, pero también que es necesario estar más atentos a planificar sistemas de espacios públicos con muchas oportunidades para encontrarnos y disfrutarlos, con diversidad multisensorial y más atractivos, tanto dentro de los barrios como a nivel de toda la ciudad.

    El derecho a la ciudad, desde la arquitectura y el urbanismo debe ser no solo una aspiración sino un objetivo muy bien acotado. El conocimiento real de las necesidades de personas con discapacidad visual, implica empezar en un autoexamen de nuestra propia sensorialidad urbana. Interactuar con personas diferentes, enriquece profundamente la base cognitiva del arquitecto y lo prepara para diseñar ciudades realmente para todos.

    Sylvia Vásquez Sánchez
    Arquitecta y urbanista con Maestría en Revitalización Urbana en el IHS- Erasmus University de Roterdam – Holanda y en la Universidad de Lund de Suecia (2003 y 2004). Docente universitaria y especialista en movilidad peatonal, accesibilidad universal y planificación urbana.

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