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    Privación lingüística: el caso de la lengua de señas

    Escrito por Miguel Rodríguez Mondoñedo

    Créditos de la foto: Cadena Enterriana

    Resumen: Prácticamente ningún niño oyente es privado de acceso a input lingüístico, y de hecho, se consideraría un crimen serio el impedirle acceso a una lengua. Sin embargo, los niños sordos son privados, regularmente y de manera legal, de acceso a la lengua que les es propia, la lengua de señas. Basados en la idea de que esto ocurre porque no se entiende que las lenguas de señas son lenguas plenas y que tampoco se tiene consciencia de las graves consecuencias de la privación lingüística, en este artículo exponemos las razones por las que la moderna investigación científica considera plenas a las lenguas de señas y reseñamos las serias ramificaciones que implica el cortar acceso temprano a la lengua de señas (una situación recientemente denominada “Síndrome de Privación Lingüística). Se sugiere que privar a un niño sordo de su lengua debería ser tan ilegal como hacer eso a un niño oyente.
    Palabras claves: Lengua de señas, privación lingüística, derechos lingüísticos, discriminación, oyentismo, sordera, cultura sorda

    Durante mucho tiempo se tuvo la idea de que las lenguas de señas que crean las comunidades sordas en diferentes partes del mundo eran simplemente una forma de comunicación mímica, sin la complejidad de una lengua oral. Pues esta impresión quedó pulverizada con el descubrimiento que hizo William Stokoe en 1960, a saber, que las lenguas de señas tienen los mismos tipos de estructuras y son tan complejas y sofisticadas como las lenguas orales y que, en consecuencia, son capaces de expresar toda la gama de pensamientos humanos sin limitación. Desde entonces, los investigadores del lenguaje han identificado cientos de lenguas de señas, cada una de las cuales es el sustento para la identidad y la cultura de la comunidad sorda que la ha creado. Una de ellas, la lengua de señas peruana (LSP), es originaria del Perú, donde es oficial desde el 2010, mediante la Ley 29535.

    La evidencia muestra que las lenguas de señas son equivalentes lingüística, cultural y biológicamente a las lenguas orales (Petito 2014). En primer lugar, observemos las equivalencias lingüísticas. Las lenguas de señas, igual que las orales, son creaciones naturales de sus comunidades; no son un invento artificial (a diferencia de, por ejemplo, el braille, que es un sistema de escritura en alto relieve, no una lengua) sino que han surgido naturalmente de la interacción de las personas sordas. Y como consecuencia de ello, son diferentes en las distintas comunidades en que se hablan: la LSP, por ejemplo, es diferente de la lengua de señas argentina, o de la lengua de señas británica, que a su vez es diferente de la lengua de señas norteamericana. Los usuarios de estas diferentes lenguas no se entienden entre sí. Además, las lenguas de señas tienen una gramática plena, con elementos fonológicos, morfológicos, sintácticos y pragmáticos. Discutiremos dos ejemplos. Las lenguas orales tienen fonemas que distinguen palabras; por ejemplo, en castellano los fonemas /b/ y /g/ diferencian las palabras /bata/ y /gata/ gracias a que /b/ se pronuncia en los labios mientras /g/ lo hace en el velo (al final del paladar). Igualmente, en LSP la posición de la mano puede diferenciar palabras; por ejemplo, SABER y LLAMAR se diferencian simplemente porque la primera requiere dos toques en la sien y la segunda en el hombro:

    Asimismo, encontramos morfemas. Por ejemplo, aquí se pueden identificar tres palabras: EQUIPO, FAMILIA y GRUPO diferenciadas por la forma inicial de la mano. En los tres casos, las manos hacen un círculo perpendicular al pecho del señante. Podemos encontrar una raíz común (el movimiento circular, que significa “conjunto de personas”) y unos afijos diferenciadores, que indican de qué tipo de conjunto estamos hablando.

    Seña de EquipoLink del vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=2_XZaIefFFM
    Seña de FamiliaLink del vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=9gTifM_B9IM
    Seña de GrupoLink del vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=wszrTtzeLyk

    Y por supuesto también encontramos oraciones con sujeto y predicado, verbos y sustantivos, preguntas, exclamaciones, nombres propios, condicionales, y toda la gama de construcciones gramaticales. Además, la lengua tiene diferentes dialectos y variedades, los niños sordos nacidos en familias sordas la adquieren espontáneamente de su entorno.

    En segundo lugar, las lenguas de señas se usan efectivamente en las comunidades sordas, creando una cultura alrededor de la lengua de señas correspondiente. La lengua de señas es el idioma de la vida cotidiana de las personas sordas, en ellas trabajan, sueñan, crían a sus hijos; es el idioma en que han desarrollado amplias tradiciones culturales, formas de humor, las mismas formas de arte (poesía, narrativa, teatro, cine, danza, música…), ciencia, investigación (incluidas revistas académicas en lengua de señas), hay periodismo (diarios, canales), amplio uso de la internet, clubes deportivos, oratoria, etc. Incluso hay países como Brasil donde una persona sorda puede presentar su tesis doctoral íntegramente en lengua de señas brasileña (llamada LIBRAS) —ver Ladd 2003, Padden y Humphries 2005 para una visión general de la cultura sorda.

    Y en tercer lugar, como señala Petitto 2014, la equivalencia biológica entre lenguas orales y de señas queda abrumadoramente confirmada por el descubrimiento de que las mismas áreas del cerebro controlan la expresión oral y la expresión en señas. Esto ocurre en todos los componentes gramaticales, incluida la fonología. El planum temporale, zona específica dentro del área de Wernicke, se consideró una zona relacionada con el manejo del sonido lingüístico por mucho tiempo, pero hoy sabemos que se activa también durante el uso de señas lingüísticas. Esto quiere decir que el cerebro no está especializado en producir enunciados orales sino en construir sistemas fonológicos, es decir, en procesar específicos patrones rítmicos y de alternancia temporal que produzcan el máximo contraste, sea con material sonoro o visuo-gestual. El conocimiento del lenguaje, entonces, no incluye la información de que este es oral. En ese sentido, es claro que las señas no son un substituto del sonido, son simplemente una de las posibles exteriorizaciones del lenguaje. El cerebro no diferencia entre sonido y seña al procesar las estructuras lingüísticas. Las lenguas de señas y las lenguas orales son biológicamente equivalentes, además de lingüística y culturalmente equivalentes.

    No existe, por lo tanto, ninguna razón para impedir la adquisición y el desarrollo de las lenguas de señas, ni a nivel individual ni a nivel sociocultural. Sin embargo, eso es lo que se hace: se impide el desarrollo de la lengua de señas desde el nacimiento del niño sordo. Llamamos a eso privación lingüística.

    La privación lingüística es un fenómeno que ocurre cuando el niño es privado de acceso a una primera lengua; aunque es muy raro en oyentes, es muy común en niños y niñas sordas. La principal razón de eso es que los cuidadores creen que las lenguas de señas no son idiomas o lenguas plenas. Los padres oyentes desconocen qué hacer ante ellos; por supuesto no saben lengua de señas, que para ellos es una segunda lengua. Médicos, educadores y psicólogos no ayudan mucho, al contrario, suponen que el niño sordo debe hablar, y pueden pasar años antes de que los padres se decidan a incorporar al niño sordo a la comunidad sorda. Los efectos de esperar demasiado son devastadores, y lo peor es que casi son invisibles, generalmente se atribuyen a otra cosa. La investigación reciente ha identificado, sin embargo, un Síndrome de Privación Lingüística (SPL, Gulati 2019). Se trata esencialmente de un desarrollo neurológico incompleto, producido por la falta de acceso temprano a estímulo lingüístico. Estas dificultades se conservan incluso en la adultez, a pesar de décadas de interacción social, en ausencia de lenguaje.

    El SPL afecta casi exclusivamente a niños sordos, pues el acceso temprano a la lengua nativa es la regla general en prácticamente toda la comunidad de oyentes. Niños y niñas sordas nacidos en familias oyentes con mucha frecuencia son privados de input lingüístico, a veces por varios años, inclusive hasta la adolescencia y adultez, cuando son expuestos a lenguas de señas. Gulati 2019 pasa revista a las características del SPL, y las anotaremos aquí brevemente. Debo notar que los niños sordos nacidos en familias sordas, y que por lo tanto tienen un acceso temprano a una lengua de señas, no muestran este tipo de dificultades.

    Las personas con SPL presentan enunciados lingüísticos (cuando aprenden señas, tardíamente) reducidos en su complejidad gramatical, de modo que incluso otros sordos tienen dificultades para reconocer el significado que se intentaba transmitir, lo que pone un obstáculo considerable a la tarea de un posible intérprete. Adicionalmente, tienen una dificultad con la secuenciación y las cronologías, lo que implica una discapacidad real para conceptualizar el tiempo. Quizá como consecuencia de esto, también tiene una discapacidad para entender secuencias causales. Como es obvio, esto tiene enormes efectos en la vida cotidiana –por ejemplo, como señala Gulati, esto puede hacer que se sienta la vida como carente de sentido, causando impotencia y confusión, y en el mejor de los casos, aislamiento, quedando reducidos a sus nichos familiares. Asimismo, no reconoce la necesidad de contextualizar a su interlocutor en la conversación, debido a que presentan retraso en el proceso de mentalización, es decir, en la habilidad para reconocer estados mentales en los otros y en sí mismos, lo que se conoce tradicionalmente como Theory of Mind (ToM). La ausencia de una ToM es un obstáculo mayúsculo para ejecutar plenamente todas las formas de la interacción social humana. Esto se evidencian en la forma como entregan información al conversar. Gulati 2019 ofrece este ejemplo:

    VIVIR EDIFICIO ALTO, EDIFICIO MARRÓN

    Yo vivo en el edificio alto, al lado del edificio marrón

    Esta expresión solo tiene sentido si se está en frente de tales edificios, o si hay una referencia clara de la dirección, pero esta intervención es dicha sin contexto, esperando que el interlocutor ya conozca las referencias. Las personas con SPL no se ponen en el punto de vista de su interlocutor, ni aceptan fácilmente la retroalimentación necesaria para la creación de nuevas ideas a partir de la información intercambiada. Además, se les complican los conceptos abstractos y tienen dificultades de aprendizaje –por esta razón, la sordera se confundió por mucho tiempo con retraso mental, lo que de ninguna manera es. Adicionalmente, estas personas tienen dificultades en su regulación emocional, y actúan externalizando sus sentimientos, de hecho, actuándolos, traduciéndolos en comportamiento disruptivo, lo cual los lleva a situaciones problemáticas en su relación con los demás –esto es especialmente cierto en los niños, que no tienen manera de expresar lo que sienten y quieren, al no haber desarrollado una lengua común con sus padres.

    Finalmente, es necesario indicar que la persona con SPL tiene muy poco conocimiento de los hechos del entorno que damos por sentado que todos conocen, es decir, tiene un limitado fondo de conocimiento (Pollard 1998, citado por Hall et al. 2017), al no acceder a los canales regulares de información cotidiana. Esto puede llegar inclusive a situaciones que ningún oyente podría imaginar. Por ejemplo, una persona sorda peruana que conozco, quien ahorraba su dinero en el banco, creía que tenía que justificar y documentar ante el banco la razón para retirar su propio dinero. Otra persona me contaba que había descubierto cuando ya era un adolescente por qué le celebraban una fiesta cada año; aunque la familia celebraba puntualmente su cumpleaños, nunca le explicaron por qué. Otra cuenta que estuvo paralizada de miedo un día en que llevaron a ver a su abuelo en una caja alrededor de la cual lloraban muchas personas, que luego cerraron y llevaron a un lugar donde la pusieron en un hueco en una pared (el velorio, el cementerio: nadie le explicaba qué pasaba).[1]

    En resumen, cabe decir que las personas sordas, que nacen en familias oyentes y no tienen acceso a una lengua de señas a temprana edad, esto es, que pasan por una privación lingüística, sufren un daño considerable, y que por lo tanto aislar al niño sordo de la lengua que le es propia debería considerarse un acto de severo abuso infantil. Sin embargo, esta situación de abuso es perfectamente legal e incluso, en muchos casos, es la “solución” recomendada por médicos y educadores a pesar de décadas de investigación que muestran lo dañina que es. Esto debe cambiar.

    Referencias:

    [1] Nótese que esto no significa, como advierte Gulati 2019, que la persona sorda no tenga ningún conocimiento útil para desempeñarse en la vida. Al contrario, las personas sordas son muy hábiles para identificar los rasgos esenciales de su entorno que le sirven para sobrevivir (conocimiento de “la calle”), aunque no necesariamente para estar plenamente a salvo.

    Bibliografía:

    Gulati, Sanjay (2019) Language Deprivation Syndrome. En: Glickman, N. S., & Hall, W. C. (eds). Language Deprivation and Deaf Mental Health. London, England: Routledge.  pp. 24-53

    Hall, W. C., Levin, L. L., & Anderson, M. L. (2017). Language deprivation syndrome: a possible neurodevelopmental disorder with sociocultural origins. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 52(6), 761-776. d

    Ladd, Paddy. (2003) Understanding Deaf Culture: In Search of Deafhood. Amsterdam: De Gruyer.

    Padden, Carol y Tom Humphries (2005) Inside Deaf Culture. Cambridge: Harvard University Press.

    Padden, Carol y Tom Humphries (2005) Inside Deaf Culture. Cambridge: Harvard University Press.

    Petitto, L.-A. (2014). Three revolutions: Language, culture, and biology. In H.-D.L. Bauman & J. J. Murray (Eds.), Dea/ Gain: Raising the stakes for human diversity (pp. 65—76). Minneapolis: University Of Minnesota Press

    Pollard, R. (1998). Psychopathology. In M. Marschark & M. D. Clark (Eds.). Psychological perspectives on deafness Vol. 2. pp. 171–197. Mahwah, NJ:Lawrence Erlbaum Associates.

    Miguel Rodríguez Mondoñedo
    PhD en Lingüística Teórica por la Universidad de Connecticut. Ha sido Profesor en Indiana University (Bloomington) y es hoy Profesor Principal en la PUCP. Su investigación está centrada en la teoría gramatical, las estructuras nominales, la sintaxis del evento y la relación entre sintaxis y discurso. Dirige la elaboración de una gramática y un diccionario de la Lengua de Señas Peruana.

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